Por Ana Otharán, Candela Quiroga y Consuelo Pesaresi
Los Ángeles, el condado más poblado de California, concentra actualmente la mayor cantidad de crímenes de odio del Estado. Según datos oficiales, en 2023 California registró cerca de 2 mil incidentes de odio y más de 679 procesos judiciales vinculados con este tipo de delitos, que afectan principalmente a afroamericanos, latinos, inmigrantes y comunidades asiáticas y judías.
El levantamiento de Watts, en 1965, fue la primera vez que la sociedad californiana se plantó frente al racismo naturalizado. Todo comenzó con la detención de Marquette Frye, un joven afroamericano de 21 años acusado de conducir bajo los efectos del alcohol. La intervención se volvió violenta y los testigos denunciaron agresiones policiales. En ese momento, Watts era un barrio donde el 80% de la población era afroamericana y la segregación por parte del Estado era muy visible.

Entre el 11 y el 17 de agosto de 1965, esta zona fue escenario de incendios, saqueos, enfrentamientos y bloqueo de calles. Como la policía local no era suficiente, el gobierno desplegó más de 14 mil efectivos de la Guardia Nacional de California. Los episodios terminaron con 34 personas muertas, más de mil heridos y unas 3500 detenciones.
Tras los disturbios, el entonces gobernador Pat Brown creó la Comisión McCone para investigar las causas del conflicto. El informe que realizó concluyó que el levantamiento no había sido provocado únicamente por el episodio policial que desencadenó la protesta, sino también por décadas de desigualdad racial, exclusión económica y una relación deteriorada entre las fuerzas de seguridad y la comunidad afroamericana.
Actualmente en Los Ángeles funcionan organizaciones como la National Association for the Advancement of Colored People (NAACP), Black Lives Matter y Liberty Hill Foundation. Todas estas tienen como objetivo alcanzar la igualdad racial en materia de vivienda, empleo, derechos, educación y salud.
Carolina, consultora y coach argentina que vivió durante 25 años en California, opina: “En Hollywood hay mucho racismo, es un caso en un millón que un actor o una actriz negra ocupe un papel históricamente reservado para blancos”. Y cita como excepción la elección de la actriz afrodescendiente Golda Rosheuvel para interpretar a la reina Charlotte en la serie de Nextflix Bridgerton. También resalta que, en Estados Unidos, se tienen muchos recaudos al hablar: “No se puede decir pan negro, por ejemplo; se buscan otras palabras para evitar a toda costa emplear la palabra ´black´, cualquiera sea el contexto”. Respecto a las organizaciones dedicadas a la defensa de los derechos de estas comunidades, afirma que durante el gobierno del presidente Donald Trump vieron limitados el libre desarrollo de sus actividades.
Revisar y entender la historia de Los Ángeles también implica conocer una ciudad donde la hegemonía del cine convive con desigualdades que continúan en el centro del debate social.
